¿Quién no ha oido alguna vez leyendas urbanas? Sí, sí, que además han hecho pelis sobre ellas... que si el mensaje satánico del Aserejé, los Peta Zetas con Cocacola, el niño que murió porque le picaron abejas en la boca, y demás chorradas... nadie sabe si son verdad o mentira, pero ahí están.
Pues en los pueblos no somos menos, y también tenemos nuestras "leyendas rurales", sobre todo con protagonistas a los vecinos de los pueblos de alrededor. He aquí algunas:
LA VIGA "ATRAVESÁ" DE ILLANAEsta es la más popular de las historietas circulantes por la Alcarria baja.
Cuentan que en Illana, un pueblecito situado casi en Cuenca, estaban de obra en la iglesia. Debía de estar muy echa polvo, porque la gente estaba ilusionadísima y las viejas hacían corrillo en todas las esquinas para hablar en cuchicheos del tema:
- Uyyyy... ¿os habéis enterado? ¡¡La iglesia está en obras!!
- Ahhh... sí, sí, he oído que la van a reformar.
- Claro, claro, si es que ya hacía falta...
- Era una vergüenza tener la iglesia como la teníamos.
- Pufff... y mi marido está liado con la Hortensia y se piensa que no lo sé...
- O_o
Las obras iban viento en popa a toda vela, pero el problema llegó a la hora de meter una viga dentro de la iglesia.
- Capataz: Joder, macho, pero que vigas me habéis traído, que no caben ni por la puerta ni na...
- Obrero: Capataz, es que tienen que ser así... porque si se fija usted...
- Capataz: Que no me vengas con historias, Segismundo, que no me convences. A ver como hacemos ahora nosotros para meter la viga en la iglesia.
- Obrero: Pues hombre, si coge usted y la pone de fren...
- Capataz: ¿Cómo? ¿A lo ancho? ¡Ya te estoy diciendo que no cabe!
- Obrero: No, no sea usted cazurro, a lo ancho no, sino de fr...
- Capataz: ¿¡QUÉ!? ¿FALTANDO EL RESPETO A UN SUPERIOR? Quedas despedido, lárgate de esta obra.
- Obrero: O_o... Bueno, vale, pero permítame que le diga que para que pase la viga hay que colocarla...
- Capataz: ¡Que no! ¡Que no necesito de tus consejos! Ya se me ocurrirá a mi solito, hale, hale, fuera de aquí.
El capataz se dispuso a comerse la cabeza para ver cómo hacer pasar una viga por una puerta... Finalmente, una bombilla se encendió en su cabeza:
Final 1- ¡Anda! ¡Joer que tonto soy! ¡Ya lo tengo! Pues si la viga no cabe a lo ancho por la puerta... ¡pues rompemos la puerta y ya está!
Final 2 - ¡Anda! ¡Joer que tonto soy! ¡Ya lo tengo! Pues si la viga no cabe a lo ancho por la puerta... ¡pues partimos la viga en cachos y ya está!
LA ALAMBRADA DE ALMONACIDNuestro pueblo vecino, Almonacid de Zorita, (que dista de nosotros 2 km) siempre ha estado en conflicto con Albalate por unas cosas o por otras. A pesar de que en el fondo nos llevamos bien, siempre hay un pique entre las dos localidades, que se demuestra en esta historia:
El alcalde de Almonacid, deseoso de mostrar su innovación en el pueblo, acababa de comprar un reloj que daba las campanadas por todo el pueblo y el cual colocó en la hoy llamada "torre del reloj". El pueblo estaba encantado con su modernidad, y se chuleaba delante de los albalateños, que no tenían reloj...
- Sí, sí... el alcalde, que es muy moderno, nos ha comprado un reloj que da las horas... así siempre sabemos que hora es... ¡JA! No como vosotros, albalateños, que os tenéis que enterar por los gallos o porque oís las campanadas de nuestro puebl... ¡GLUB! ¡ESTÁIS ROBANDO NUESTRO SONIDO!
Y este avispado vecino fue a hablar con el alcalde, quejándose de que Albalate se llevaba el sonido por la cara. El alcalde, con semblante preocupado, se mantuvo en el ayuntamiento días enteros pensando en el problema, hasta que al fín publicó un bando que decía así:
"Debido al aprovechamiento que tiene el pueblo vecino con nuestras campanadas, las cuales provienen del reloj (último grito en pueblos) que COMPRAMOS para disfrutar NOSOTROS, he mandado construir a mitad de camino de los dos pueblos una valla-alambrada que impedirá que nuestros vecinos disfruten de las campanadas. He dicho."

EL EMBUDO HUECO DE SAYATÓN
Sayatón es un pueblo más alejado de Albalate, pero igualmente tiene sus leyendas rurales.
En Sayatón no había tiendas, así que un cacharrero iba vendiendo la mercancía de casa en casa, gritando "EL CACHARREROOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO... sevendenloscazosnuevos,lasollasnuevas,elaluminioyelcobreeeeeseñoraaaaaaaaaa" (uy, ¿a que me recordará esto?), a lo que las señoras salían desperdigadas de su casa, con monedero en la mano, para comprar sus artilugios de cocina más variados.
Un día, el cacharrero iba haciendo publicidad de sus productos, cuando una señora se interesó y fue a comprar:
- Oiga, disculpe, ¿tiene embudos?
- Vaya por dios, señora, JUSTO HOY se me han agotado. Pero tengo estas cacerolas que harán de sus guisos...
- No, no, yo quiero un embudo.
- Ya, bueno, pero le estoy diciendo que no tengo. Sin embargo, entre mi amplia gama de productos, puede encontrar estos cucharones que removerán hasta la sopa más espesa...
- ¿Y cuando va a traer embudos?
- Bueno, si usted está tan empeñada, la semana que viene volveré a este pueblo, así que puedo traerle embudos. Pero mientras tanto, ¿por qué no se fija en estos cuchillos jamoneros...?
- Muy bien, pues hasta la semana que viene entonces. Pero no se olvide de mi embudo, por favor.
- Tranquila, señora.
Así el cacharrero echó a andar con su borrico (donde llevaba todos sus trastos) pueblo adelante. Pero cuando ya iba a abandonar el municipio, alguien le grito:
"CACHARREROOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO, ESPEREEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEE"
El cacharrero se dio la vuelta, y encontró a la señora del embudo corriendo por todas las calles y gritando:
"QUE NO SE LE OLVIDE MI EMBUDOOOO....[arf.. arf...]...... ¡¡¡Y QUE SEA HUECOOOOOOOOOOOO!!!"
LA HIGUERA DE ALMONACID
De nuevo, Almonacid es protagonista de historias sin desperdicio.
Esta vez, el problema era que había nacido una higuera en la torre y no sabían como quitarla. Era un grave problema, ya que era un elemento antiestético que hacía más... digoooo... muy... feo al pueblo.
El alcalde, en un alarde de iluminación, se le ocurrió una idea maravillosa en la junta:
- En respecto al problema de la higuera, queridos concejales, he pensado lo siguiente: Debido a la imposibilidad de llegar a cortarla, se me ha ocurrido que si cogemos un borrico y le subimos hasta la torre... ¡se comerá la higuera! Por lo tanto, el problema estaría solucionado.
Todos los que ocupaban la sala estallaron en aplausos, y el alcalde, medio coqueto, se sonrojó un poquito.
Así que la idea se llevó a cabo. A los pies de la torre, llevaron un borrico al que colocaron una cuerda AL CUELLO para poder subirle a lo alto. Cuando empezaron a subirle mediante un efecto polea, el burro empezó a moverse peligrosamente y a sacar la lengua (a punto del ahogamiento).
El alcalde, con una sonrisa de satisfacción en la boca, dijo al pueblo:
- Jeje, mirar, mirar, como saca la lengua, eso es que ya quiere comer :P
Y hasta aquí las leyendas rurales. ¿Continuará...?